en un café de la esquina,
mentirosos,
masticando las penas de los hombres.
Pasan en fila
bocas hambrientas.
Fuera de sus córneas emergen murallas
que encadenan la libertad.
Se escucha en los meridianos
la demandas de las cofradías,
reclamando la vida de Jesús encadenado.
El ruiseñor está llorando
por tanta voz enterrada.
El cielo morado oscuro
de su ojo castigado
tiñe el contorno de nuestro hálito.
Yo no puedo sanar
las heridas de tu amor traicionado.
Tu compasión se vende con las monedas
de las almas engañadas.
Están las deidades cantando
sus victorias mañaneras.
Postre de manzanas en sus mesas
para enterrar el peso de sus conciencias.
Stanley Barahona del libro "En La Penumbra".
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