viernes, mayo 10, 2013

Madre


Desde las entrañas de la Tierra,
tocando la nubes,
rugía y se acrecentaba
la furia de titán.

La madre escrudiñaba la noche antigua
en la apacible aldea de mineros,
mientras un manto de paz los cubría
y los luceros de la noche acariciaban sus sueños
como adivinando ya que la Tierra liberaría su enojo.

El viento no queriendo ser testigo,
apresuró su caminar y desapareció,
en lontananza.

Cada instante los rugidos eran más fuertes,
haciendo temblar el piso,
de sus casas, en el pequeño desierto,
en sus ojos se dibujaba el temple
de madre salvadora,
aferrando al hijo a su pecho
luchando por contener el horror
que con súbita exclamación, escaparía de sus labios;
Señor, me diste el fruto de mi amor,
no me abandones ahora,
mi vida te entrego, no obstante, salva a mi hijo y mi marido,
aunque, te reitero, lucharé y lucharé, por ellos,
cúbrenos sin mediar palabras con tu fuerza hercúlea.

Se aproximó a la puerta ya con predisposición, salvarse,
y al comprobar que la lejanía desaparecía,
y que el feliz polvo lo cubría todo,
al correr hacia la salvación, sintió manos fuertes,
tomando sus  brazos, tomando sus brazos.

Confirmando que su amor elegido estaba ya a su lado,
sintió una paz eterna,
y se abrazaron en cascada de llantos
y corrieron juntos hacia el horizonte de la salvación.

Madre, valentía de mujer protegida de Dios,
viviste eternos momentos y supiste sortearlos
al abrir tu corazón suplicante fuiste escuchada,
del cielo bajaron ángeles,
 y en sus brazos los salvaron.

El cielo recobró su inmensidad,
escuchándose celestiales himnos, en tu honor,
por la hidalguía de ese amor, en ese abrazo con tu pecho,
acurrucaste tus dos amores y conseguiste ser escuchada.

A través de los años tu mirada sigue intacta,
de fortaleza, de protectora, de ese amor infinito,
hacia todos tus hijos nacidos
de ese amor sublime.

En tu naturaleza de madre
has entregado amor, fortaleza y comprensión.
TE AMAMOS.


                                                               Ruben.