fue testigo del tornado de odio en las savias.
El mensaje de la ondinas sobre las rocas engañadas
advierte que los elfos de la tierra no tienen patria.
Las hojas de los tréboles lloran el éxodo de tus hijos
en el horizonte donde se baña el sol del Norte.
El látigo de las huestes anglas azota la piel desnuda
de los prados donde nacen mártires del bosque.
Entre las cimas que atesoran la historia de los vientos
y los brazos de los ríos que humedecen los labios de tu tierra,
quedó hecho polvo la sangre que dio vida al sueño de los gnomos,
pero jamás se derrumbó la morada donde habita la fe de la encinas.
Separada por las montañas y el mar, de las telas del sudario
y con la miel de los siglos derramada por amor a Roma,
el origen de tu alegría quiere recorrer el camino
que San Patricio siguió hacia la santa luz del desierto.
La vecina marejada que inundó el campo de tus lomas
no pudo doblegar con el sable la raíz de la materia.
El espíritu de su engaño
no sometió la virtud de los hijos de los árboles,
y la presión de los años bajo el yugo de los gigantes
los hizo más poderosos que el firmamento.
A: Irlanda
Stanley Barahona del libro "Los Extremos del Horizonte"
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