viernes, junio 26, 2015

El Orgullo de la Atlántida

Navegando por los mares medianos que alojaban los antiguos pensamientos,
y bajo la constelación de la Osa Mayor en el crepúsculo de Marte,
se percibe el latido de la mariposas revestidas de oro
situadas en la puerta que comunica el espíritu de Dios.

Las estrellas aún envían respuestas a los hijos de las primeras islas
que enclaustraron el tiempo en una suma de códigos.
Y por el fulgor de la ambición frente a la metáfora
se destruyeron los puentes que elevaban las alas de la quimera.

Nadie aplacó la pasión de las olas que silenció el fuego destructor.

Los restos de la leyenda naufragada
están dispersos como granos de arena.
Sólo Platón, con su neurona iluminada cual faro en la tempestad,
visualizó los destellos del orgullo que malgastó las telas de la vida.

El señor de los piélagos les otorgó la potestad de los coros infinitos,
pero la cordura del tridente
se filtraría entre las grietas de la ciencia y la codicia.
Y ante el mismo sol que bañó la piel de Adán
fueron desalojados del trono de barro sepultando su soberbia.

El estridor de la tierra reclamó las semillas robadas al jardín
cultivadas en el altar para los sacrificios de los pastores.
Y con el designio del error en al morada de los mensajes
los escasos herederos escaparon hacia los colindes de la tierra cautiva.

Siempre son los mismos ríos los que abren la Caja de Pandora.
El sabor de la poderosa vanidad perdida entre las aguas
renace en las historias que cuentan los hijos de la ondinas.

Y es el orgullo de sus genes
el que tropieza en la roca ancestral de la carne,
transmitiendo a nuestras generaciones su aliento equivocado.

Stanley Barahona del libro "Los Extremos del Horizonte"

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